Los límites son líneas reales o imaginarias que marcan el fin de una superficie o cuerpo o la separación entre dos entidades. Suelen indicar un punto que no debe o no puede sobrepasarse.
Los límites físicos suelen estar claros. Los límites emocionales son más confusos y hay que aprender a establecerlos.
¿Por qué es tan importante poner límites?
Los límites con los demás nos estructuran como personas, conforman nuestra identidad, definen nuestra forma de ser ante el otro.
Con los límites se descubre la existencia del otro y, por tanto, se descubre la propia existencia. Se distingue hasta dónde tú y hasta dónde yo, como eres y como soy.
También los demás te empiezan a ver como alguien con presencia y autonomía. Esto es necesario para el crecimiento personal.
No poner límites es:
Dejarme llevar por la vida y por los demás. ¡Esto genera sensación de descontrol! que intenta compensarse con un exceso de control en otras pequeñas cosas.
Consecuencias de no poner límites:
Inseguridad general, baja autoestima, dificultad para saber lo que quiero, falta de identidad, dependencia emocional, desconcentración, confusión.
Se puede:
Querer a alguien, compartir cosas, ayudar a los demás, a la vez que mantener parcelas propias, es compatible y mejora las relaciones.